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En la sociedad se tiene la imagen de que a las personas con autismo no les gusta compartir con otras personas, y que aíslan.

Ese pensamiento ha hecho que muchos niños y jóvenes con esta condición no logren desarrollarse adecuadamente.

La socialización es vital para ellos. Por ejemplo, a sus 10 años, Derek cursa el cuarto grado. Le encanta a la escuela, jugar con sus amigos, aprender.

El no disfrutaría de nada, si sus padres no le hubieran dado la oportunidad de socializar con otros cuando le diagnosticaron el autismo, si no lo hubieran propiciado desde que era un bebé.

Ese mito es un inmenso obstáculo en el desarrollo de niños y jóvenes con esta condición.

La socialización los enriquece, los hace avanzar. La información debe llegar a todos los que rodean al niño. Es un asunto de exclusividad, en donde los docentes deben mediar con el resto de compañeros.

Informados, familiares y compañeros sabrán cómo actuar en caso de que se de algún comportamiento inusual. Que dicho sea de paso, se hacen cada vez menos comunes cuando la persona se desarrolla en un ambiente de socialización.

Su condición no es problema alguno para que Derek tenga muchos amigos, y disfrute con ellos. Ese aislamiento que erróneamente se les atribuye a las personas con autismo, es un mito que todos debemos derribar.