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Este sector de la frontera con Panamá se convierte en una tierra de esperanza y superación para los vecinos de ambos países. 

No es para menos, al día recibe cientos de personas que buscan comprar productos a bajo precio, por ello muchos vendedores llegan a las afueras de las tiendas para ganarse los cinquitos, entre ellos está doña Rosa, quién tiene más de 20 años de comercializar sus mangos.