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Ser una figura del atletismo nacional y representar a Costa Rica en diversas pruebas internacionales, implica un sacrificio para Sharolyn Scott, quien debe dividir su tiempo entre sus entrenamientos, trabajo en la Municipalidad de Limón y su pequeña hija Trishelle.

La preparación en San José, campamentos en el exterior o competencias, convierten de vez en cuando su relación en una de larga distancia.

"Se complica mucho, la tengo que dejar con mi mamá y estar concentrada totalmente, pasan meses sin vernos sólo hablándonos por teléfono, ahí es cuando ella se resiente y me reclama", explicó la velocista.

Por eso cuando tienen la oportunidad de pasar tiempo juntas la aprovechan al máximo, además de que entre ellas existe una admiración mutua.

"Parte de mi vida es ir y representar a mi país, ella lo ha entendido", agregó Sharolyn.

Por su parte, Trishelle le brindó un consejo: "Con disciplina va a llegar a la meta que ella quiere".