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Tres costarricenses lo dejaron todo para viajar miles de kilómetros y salvarle la vida a decenas de niños en África, ellos ahora necesitan de su ayuda.

Él es Samba, una bacteria provocó que los dedos de sus manos se cayeran cuando era sólo un niño.

El hambre hizo que robara unas semillas de marañón que su padre iba a vender. El castigo le dejó marcas que llevará por el resto de su vida: su padre le amarró las manos y se las quemó.

Samba vio en Casa Emanuel una oportunidad de salvar su vida y vive ahí desde los 12 años.

Como él, decenas de niños maltratados, con sida y desnutridos llegan cada año a Casa Emanuel.

Este orfanato es administrado por 3 costarricenses que lo dejaron todo por ayudar a los niños en Guinea Bissau, un país muy pobre al oeste de África.

Aquí, la mitad de la población tiene sida y la falta de agua potable hace que la salud de la población sea bastante deficiente.

Los niños que llegan a Casa Emanuel van a la escuela y al colegio sin tener que salir del orfanato. Y otros menores de la comunidad reciben atención médica y alimentación.

Pero el alimento en ocasiones escasea.

Muchos voluntarios también viajan miles de kilómetros para ayudar en el orfanato. Muchos incluso han tenido que hacer de doctores y han ayudado a salvar muchas vidas.

También existen las historias que tienen un final feliz, como la de ***. Con sólo ¨¨¨años, ella padece sida. Pero una voluntaria decidió adoptarla y ahora tiene una mejor vida en Barcelona.

Cada día hay historias nuevas en Casa Emanuel. Y aunque criar niños, educarlos y darles comida no es nada fácil.

El orfanato sigue adelante, eso sí, dependen de que muchas personas se pongan la mano en el corazón y ayuden a darle una mejor calidad de vida a cientos de niños.