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Los Gay Games, un respiro para los deportistas oprimidos en sus países

A sus 21 años, Zhang Nan participa en esta décima edición de los Gay Games con otros cuatro jugadores chinos de tenis de mesa

AUG 10 2018 AFP Agencia

Los Gay Games, que se celebran en París hasta el domingo, no ensalzan únicamente el deporte y la diversidad, también ofrecen un respiro a los atletas originarios de países donde la homosexualidad debe ser escondida para no ser perseguidos.

Zhang Nan, silenciado en China.

Zhang Nan debería estar asistiendo a un curso de francés. Eso es lo que ha dicho a su familia de China para esconder su participación en las pruebas de tenis de mesa de los Gay Games. Ellos no saben que Zhang está en París para vivir libremente su homosexualidad, durante una competición que reúne a 10.000 participantes provenientes de 90 países. "Mi familia es muy tradicional", explica. 

"Aunque mis amigos lo saben, es muy difícil vivir abiertamente la homosexualidad en China. El gobierno nunca habla de este tema", lamenta el joven, cuya amplia sonrisa desaparece cuando se refiere a la suerte que corren las personas homosexuales en su país.

A sus 21 años, Zhang Nan participa en esta 10ª edición de los Gay Games con otros cuatro jugadores chinos de tenis de mesa formando parte de una delegación compuesta por 69 miembros. "Realmente hay mucho nivel aquí, la competición es exigente. Pero yo he venido aquí, sobre todo, para encontrar un novio", bromea. 

Jay Mulucha, el ugandés que no quiere "esconderse más".

"En Uganda, ser gay es ilegal. Los que abiertamente se declaran gays corren el riesgo de ser golpeados en la calle, desalojados de su hogar, encarcelados, o ser asesinados en el peor de los casos", explica Jay Mulucha, jugador de baloncesto transexual, después de un partido disputado con el equipo femenino de Holanda.

Impulsado por sus hermanos y hermanas, Jay Mulucha se acercó al baloncesto en la secundaria. Destacó por sus cualidades atléticas y logró obtener una beca para unirse a una universidad en Uganda, de la cual prefiere no decir el nombre.

Compatibilizó el baloncesto y la informática, escondiendo su identidad sexual, hasta el día en el que los responsables de la universidad descubrieron en la prensa imágenes de Jay participando en una manifestación LGTB. "Me retiraron la beca y tuve que dejar mis estudios", explica tranquilo Jay.

Expulsado de su escuela, rechazado por su familia y  agredido en varias ocasiones, él, quien nació en un cuerpo de mujer pero quien se siente hombre, decidió sacar a la luz su lucha. "No quiero esconderme más", explica Jay.

Hoy en día es el director de la FEM Alliance Uganda, una organización creada en 2011 para defender los derechos de personas LGTB. Sobre todo, Jay creó el primer equipo de baloncesto gay y trans del país, que cuenta en estos momentos con una quincena de jugadores y jugadoras. 

"Se sienten como en casa en nuestro equipo, pero encuentran muchas dificultades para financiar sus transportes, sus comidas, sus equipamientos... Algunos pierden la moral. Pero resulta un orgullo para nosotros ser el único equipo de este tipo".

Jay explica que ellos han triunfado, presionando a la federación ugandesa, para que deje participar a su equipo en las competiciones nacionales, en un país donde el baloncesto es un deporte muy popular. "Yo solo trato de crear un lugar donde todos puedan expresarse. Sueño que algún día, Uganda pueda acoger los Gay Games", concluye.

Yulia Zhdanova, encerrarse para bailar.

Yulia Zhdanova es heterosexual pero no ignora las dificultades de las bailarinas lesbianas rusas que entrena en los Gay Games. "Los padres de algunas no saben que ellas son lesbianas. Es muy difícil en nuestro país que esta situación progrese", afirma.

En Rusia, la homosexualidad estuvo considerada como crimen hasta 1993 y como una enfermedad mental hasta 1999. Desde 2013, una ley también castiga con multas y cárcel cualquier acto de "propaganda" homosexual ante los menores. "Para algunos rusos, ser gay es anormal, inmoral, casi una enfermedad", confirma Yulia.

"Como otro grupo fue atacado y golpeado, tenemos que entrenar en una habitación donde cerramos la puerta con llave", cuenta la joven, que también es bailarina. "Y por la parte económica, es muy difícil encontrar fondos para financiar nuestros trajes, por ejemplo. Pero, no nos gusta pelear, preferimos la diplomacia".



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