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Frase de Francisco sobre los homosexuales distiende las relaciones de la Iglesia con el mundo moderno

Para numerosos observadores y expertos, más que cambios de doctrina lo que ha cambiado es el estilo de ser papa...

AFP Agencia Hace 8/2/2013 10:28:00 AM

(AFP) - La frase de Francisco sobre los homosexuales "¿Quién soy yo para juzgar a los gays?" parece haber distendido las relaciones entre la Iglesia católica y el mundo moderno, aunque el papa argentino, lejos de lanzar una revolución, confirmó la doctrina del Vaticano y busca ante todo, según analistas, manifestar su cercanía a los problemas de la gente.

Para numerosos observadores y expertos, más que cambios de doctrina lo que ha cambiado es el estilo de ser papa.

Varias asociaciones de defensa de los homosexuales elogiaron la apertura del papa, sus palabras de tolerancia, aunque reconocieron que no ha modificado para nada la doctrina tradicional, que no condena la orientación homosexual sino los actos homosexuales como pecaminosos y obliga a los gays a la castidad.

"Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?", declaró el papa Francisco el lunes en el vuelo de regreso de Brasil, una declaración que tuvo repercusiones, suscitando empatía de la prensa mundial que prefirió dar menos importancia al cierre total a la ordenación de las mujeres, confirmado en el mismo vuelo.

Esas frases y gestos del papa Francisco, tan directos y simples, alarman a los ultraconservadores de la iglesia.

Para el historiador italiano Roberto de Mattei, Francisco se "ha convertido en un personaje de telenovela" y "debido a sus comentarios superficiales se pierde contenido y sustancia" , escribió en el diario de derecha Il Foglio.

Sus largas y espontáneas declaraciones a la prensa en el avión que lo trasladaba de Río de Janeiro a Roma mostraron un papa que habla de todo, sin tapujos, por lo que fue aplaudido al término de una hora y media de rueda de prensa.

Era también la primera vez que un pontífice pronunciaba la palabra "gay", un término que ninguno de sus predecesores había empleado.

Todo parece indicar que el ex arzobispo de Buenos Aires, elegido en el trono de Pedro para cambiar la milenaria institución, como reconoció personalmente, quiere superar la polarización sobre el tema sexual, que ha alejado de la iglesia a las nuevas generaciones.

Para la revista estadounidense The New Yorker, "lo que pide Francisco es hablar de otra cosa" y se niega a lanzarse a "una guerra cultural" sobre asuntos sociales.

Durante su viaje a Brasil, el primero de su pontificado, definió aspectos claves de su doctrina en una serie de discursos escritos de su puño y letra.

El papa dijo que quiere curas radicales, osados, que vivan con los pobres, dispuestos a abandonar la nostalgia por el pasado.

A la jerarquía de la iglesia latinoamericana la criticó por ser elitista y llegó a defender el Estado laico que garantiza "la convivencia pacífica entre las diferentes religiones", al no "asumir como propia ninguna posición confesional".

A la iglesia le reprochó "haber olvidado" la sencillez: "A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez", dijo.

Frente a los conflictos sociales y religiosos reivindicó "el diálogo constructivo": "Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: diálogo, diálogo y diálogo", fueron algunas de sus palabras.

Francisco reprochó a la iglesia que se alejara de las necesidades de los ciudadanos: "Demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido", remarcó.

"Tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones", dijo.