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Doña Ligia, es una mujer de fe. De no ser así, le habría costado mucho, cargar con una dura prueba, que le puso la vida. Aceptar que su primer hijo, no caminaría debido a una parálisis cerebral.

Así pasaron 16 años, tiempo en el que ni ella ni su esposo, dejaron de pedirle a la “Negrita” que hiciera el milagro.

Fueron muchos días y noches de súplica y su pequeño ya siendo un adolecente por fin un día dio pasos, después de que solo gateaba.

Hoy Manuel es todo un hombre de 40 años. Sale con sus padres, apoyado en ellos como bastón porque se siente mucho más seguro.

Al igual que quienes le dieron la vida, está convencido de que le debe a la patrona de Costa Rica el poder andar, y se lo agradece a diario en sus oraciones.

También a diario, están contentos con lo que tienen, pues después de esta experiencia, aprendieron que con fe, se logra hasta lo que parece imposible.