Última Hora

La fe no conoce distancias. Si no que lo diga Joel Leiva. Desde hace 30 años, este romero emprende el viaje desde Pérez Zeledón junto a su familia. Este trayecto le toma cuatro días, tiempo que piensa seguir invirtiendo por muchos años más, mientras la salud así se lo permita.

A diferencia de Joel, a sus 65 años y tras sufrir dos infartos, doña Daisy Martínez ya no puede caminar hasta la basílica. Uno de sus nueve hijos la trae hasta aquí para rendirle homenaje a la negrita.

Hace 26 años, al momento de dar a luz en el hospital de Quepos, ella supo que algo no estaba bien y por eso rezó a La Negrita. Por eso, cada año se hace presente para agradecer la salud de su hija, quien hoy tiene 26 años.

La fe puede más que los dolores físicos. Aunque tiene sus dos rodillas operadas, Efrén Arias emprendió el viaje desde Horquetas de Sarapiquí para pedir por la salud de uno de sus sobrinos quien padece cáncer de estómago en fase terminal.

Y Daniel Corrales, caminó desde Puntarenas como una prueba de fe y devoción. Él llegó antes que su grupo de compañeros, por lo que se devolverá a toparlos para realizar la romería dos veces.

Cada una de las historias que se ponen a los pies de la virgen de Los Ángeles tienen nombre y apellido. Millones de personas que caminan cada año para pedir o agradecer, más allá de las distancias, la edad y los dolores físicos.