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Un experto en oceanografía advierte que los "lavacar" podrían estarle pasando una cara factura a nuestros mares.

Por lo general la contaminación es muy evidente. Pero podría ser que el daño más grave al medio ambiente lo estemos haciendo a cientos de kilómetros y ni siquiera lo veamos.

En los años 90 el Instituto de Oceanografía de la Universidad Nacional desarrolló una investigación para determinar los niveles de contaminación en el Golfo de Nicoya.

Los resultados encendieron la luz de alerta.

Desde entonces don Guillermo Quirós ha monitoreado de cerca la relación que existe entre las lluvias del Valle Central y la presencia de marea roja en el Pacífico.

El oceanógrafo compara las imágenes que capta la NASA en tiempo real. Recientemente topó con una que lo sorprendió.

En ella se aprecia una coloración amarilla y roja prácticamente en toda la vertiente Pacífica.

Según este experto, es una clara evidencia de que existe marea roja.

Don Guillermo sostiene que se trata de una prueba contundente de la gran contaminación en los ecosistemas costeros.

La imagen es del 8 de junio anterior. Curiosamente el día anterior llovió de forma torrencial en la Gran Área Metropolitana.

Para el científico queda claro como la lluvia se encarga de arrastrar nuestras emisiones contaminantes directo al mar.

Uno de los temas que más le preocupa es el de los famosos lava car.

Según dice, estos locales cuentan con pocas regulaciones y la mayoría no trata sus aguas antes de enviarlas al alcantarillado.

En Costa Rica existe una comisión interinstitucional para la vigilancia de la marea roja. Entre las instancias que la conforman se encuentran el Ministerio de Salud y SENASA.

A criterio de expertos en estas instituciones las imágenes no necesariamente arrojan evidencia de marea roja.

En el ministerio de salud son conscientes del daño que causan los químicos que llegan al mar, pero tampoco creen que actividades como el lavado de carros influyan tanto en la formación de mareas rojas.

Marea roja o no, lo cierto es que nuestras actividades si le pasan una factura a los mares.

Tras un recorrido por varios centros de lavado de autos en San José comprobamos que mucha del agua que usan va directo al alcantarillado sin ningún tratamiento.

Según la ley, cada local es responsable de darle un manejo adecuado a sus aguas jabonosas pero no es así.

Lo peor es que al menos en San José no existe actualmente una forma de tratar esta agua.

SENASA mantiene desde hace años una veda sobre algunos moluscos en el Golfo de Nicoya pues filtran las toxinas del agua naturalmente.

El monitoreo se mantiene de forma permanente en los mares, pero a criterio de expertos como don Guillermo los controles también deberían ser más rigurosos en los locales comerciales.