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La Selección Nacional cayó esta tarde por la mínima ante Túnez en un esclarecedor fogueo que dejó mucho por corregir y poco qué alabar.

El 1-0 fue quizás lo mejor de la Tricolor en el duelo inédito en Niza (Francia), la prueba reiterada de que Costa Rica puede defenderse aún ante el dominio asfixiante y un estímulo para pensar en la cita rusa.

Porque al final del día lo más destacable de este nuevo amistoso fue eso: entender que este es el fútbol de la Selección, la estrategia que nos hizo brillar hace cuatro años y la mejor (y más segura) apuesta para lo que viene.

La posesión, el fútbol de toque y la ofensiva cansina son anhelos ajenos a nuestra realidad: no pasó en la eliminatoria, no sucedió hoy y no se verá en Rusia.

Túnez dejó eso claro y lo hará cualquier rival de cartel a futuro. El campeón africano hizo gala de un fútbol moderno, de privilegio a la velocidad y el toque por encima del físico, recursos que siempre le han hecho daño a la Tricolor.

Durante más de la primera media hora La Sele se dedicó a mantener el bloque, cedió gustosa el balón y le apostó a la posibilidad de una contra que apenas si apareció.

Hasta ahí todo iba relativamente bien, pero lo crítico fue sin duda la dificultad en salida. 

Cristian Gamboa volvió a exhibir su falta de ritmo y la apuesta de Francisco Calvo por izquierda no salió, eso nos dejó sin bandas y a partir de ahí todo empeoró.

La Sele se echó atrás y dejó que la maniataran, se quedó sin norte en la faceta ofensiva y al 36’ perdió el bloque con un pase filtrado que interceptó Wahbi Khazri. 

El capitán tunecino se coló entre Óscar Duarte y Kendall Waston, dejó tirado al hombre de la MLS y definió, con algo de fortuna, ante Keylor Navas.

Waston, el más flojo de la cancha, fue una de tres variantes que fallaron esta tarde. Calvo y Yeltsin Tejeda fueron las otras dos, que cuando mucho consiguieron reafirmar que la titular de Rusia fue la del primer tiempo ante Escocia.

Pero no todo fue malo. La segunda mitad dejó ver el grato relevo de Wilmer Azofeifa en la media cancha y también un respiro en ofensiva. El de Santos exhibió un fútbol de primer toque, sin adornos y efectivo, justo lo que le gusta a Óscar Ramírez.

De sus piernas salió la mejor opción que tuvo Costa Rica en todo el partido, un pase a las piernas de un solitario Josué Mitchell, relevista también y quien, sin marca, se ahogó con la presión del escenario.

Su remate, inseguro, se quedó en las manos del guardameta y selló la derrota para la Tricolor. Pudo también ser la despedida definitiva a un Mundial que de por sí no tiene seguro, pero que se aleja con apariciones como la de hoy, demasiado distantes de la entrega que se espera en oportunidades tan escasas.

Túnez fue entonces un rival riquísimo para sacar apuntes y desnudar detalles, una probada de fútbol moderno y un baño de realidad: La Sele espera a junio con una libreta en la que todavía afloran dudas, un once claro y un fútbol para sufrir, la fórmula de siempre en nuestra Tricolor.