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Hace una semana les conté que el premio nobel de química, Ilya Prigogine, con sus investigaciones nos permitió comprender cómo una sociedad (ser vivo como nosotros que la conformamos) a partir del orden empieza un camino que conduce al caos, a su muerte.

Pero que, a diferencia de nosotros para quienes la muerte es inevitable, cuando una sociedad se enfrenta al caos tiene mecanismos –que nosotros no tenemos- que le permiten no morir, sanar, rejuvenecerse y, prácticamente, renacer.

¿Cómo lo hace?

Disipando la entropía, el desorden que la está llevando hacia la muerte. Por esto las sociedades se llaman estructuras disipativas.

¿Cómo se disipa el desorden?

Replanteado las reglas del juego a través de un nuevo pacto social.

Y... ¿cómo se hace un nuevo pacto social?

En una de dos maneras: en paz o, como es más frecuente pero más doloroso, por medio de la guerra.

Recordemos el dolor, y las heridas que todavía no sanan, consecuencia de la guerra civil de 1948.

De esa guerra, ¿cuál fue el único producto real, positivo y útil para Costa Rica? Un nuevo pacto social: la constitución política de 1949.

Ante un desorden político y social como el que estamos viviendo (los noticiarios nos informan todos y cada uno de los días, cómo estamos saqueando al estado y nos estamos destruyendo unos y otros –y unos a otros-), sólo hay un camino constructivo: la razón, que nos permita unirnos por un instante para hacer un nuevo pacto social en paz.

Sigamos conversando de esto el próximo sábado, porque ¡costa rica necesita una fuerte, consistente y sostenida labor de reconstrucción!

Como ciudadanos, ¡Podemos reconstruir a Costa Rica!