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No están exentos de los riesgos; de hecho, los dos siameses separados -Ezequiel y Samuel- están bajo estricta vigilancia médica en el hospital Nacional de Niños para evitar complicaciones.

Pero hay signos de esperanza como los relatados este jueves en la mañana por los especialistas de dicho centro médico.

Samuel -el pequeño que está más delicado- movió sus pies este día y fue llevado a sala de operaciones para una curación.

Ezequiel está con los ojitos abiertos y hasta le sonrió a una de las enfermeras.

A los dos empezaron a alimentarlos vía sonda, agregaron los médicos.

Este jueves se cumplen cinco días desde la cirugía en la que ambos fueron separados, luego de que nacieran en el 2015 unidos por la cabecita.

Luego de la operación Samuel fue intervenido en dos ocasiones más por complicaciones; Ezequiel es quien se ha mostrado más estable.

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Los menores fueron intervenidos el viernes a las 7:30 de la mañana para realizarles una “operación exitosa” de separación, así catalogada por los médicos especialistas que participaron en un hecho histórico para la medicina costarricense.

La misma concluyó el sábado a las 2 de la madrugada durando así alrededor de 20 horas y media en una labor titánica que involucró neurocirujanos, cirujanos reconstructivos, anestesiólogos, auxiliares de sala, circulantes, enfermeras, instrumentistas, personal de aseo, entre otros.

Esta cirugía se venía planificando desde hace dos años y mediaron consultas tanto a médicos nacionales como a expertos internacionales, estos últimos consideraron que la intervención tenía una gran dificultad.

Durante la separación, Samuel y Ezequiel recibieron diez litros de sangre: lo equivalente a 40 donadores.

El microbiólogo Andrey Montero tuvo que salir corriendo del quirófano para garantizar que las unidades alcanzaran.

Él estuvo las 20 horas en la sala de operaciones. Fue parte del equipo que participó en una cirugía histórica.