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Grandes y jóvenes por igual, los partidos políticos están siendo repudiados por un electorado cada día más escéptico.

Más allá de las encuestas, la reacción popular es casi unánime: la gente está harta del sistema político y de los políticos.

La primera víctima de este deterioro es el partido de gobierno, que se mantiene de primero en las intenciones de voto, pero que ha perdido apoyo. Nunca antes este partido ha mostrado menos apoyo a medio año de las elecciones.

¿Por qué este desprestigio?

Indudablemente el poder desgasta, y más cuando los que están en el poder han sido señalados, con razón o sin ella, de grandes actos de corrupción e ineficiencia.

El desprestigio sacudió al gobierno en su primer mes, cuando los diputados intentaron subirse el salario.

Pero a ello se agrega la trocha fronteriza, los problemas con las concesiones de la ruta a Caldera y San Ramón y el reciente viaje de la presidenta en un avión privado cuestionado.

Pero tampoco la oposición supo acumular ese descontento. La citada encuesta de Unimer demuestra que esos partidos o están estancados o han retrocedido.

De abril a esta parte, en el PAC el apoyo a Ottón Solís descendió de 17 a 9 puntos, y el de Epsy Campbell de 11 a 5.

En el Movimiento Libertario Otto Guevara baja de 5 a 2. El frente amplio se mantiene estable en un 3%.

Eso contrasta con un gigantesco 47 que afirma no saber por quién va a votar.

Lo mismo ocurre en la elección para diputados.

El exdiputado y dirigente sindical Mario Devandas opina que falta mucho para hacer predicciones, pero que en general la democracia debe reinventarse.

Es muy temprano aún, pero si por la víspera se saca el día puede ser cierto que las cosas en política vayan de ahora en delante de mal en peor.