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La masacre en la que perdieron la vida cinco jóvenes el 19 de enero de 2017 en Liberia se consumó en apenas media hora.

Así lo explicó Larisa Escalante, psiquiatra forense a cargo de uno de los casos que más ha conmocionado a Costa Rica en los últimos años y cuyo análisis acaparó la mayoría del segundo día del juicio que se sigue en la ciudad blanca.

Escalante analizó la escena del crimen y también el testimonio de la única sobreviviente a aquella noche de terror.

La experta señaló que según la prueba recabada el imputado de apellidos Ríos Mairena, de 33 años, habría utilizado una llave maestra para ingresar a la vivienda de las víctimas.

Su primera intención no era asesinar a los jóvenes, prueba de ello es que el arma homicida fue un cuchillo que estaba en la vivienda.

Según el testimonio de la menor ella y sus amigos se acostaron a eso de las 10 p. m. de aquel jueves.

El sospechoso ingresó a la vivienda y preguntó a una de las víctimas si había más personas en la casa, esta lo habría negado pero un ruido en otro cuarto lo alertó de la presencia de los demás.

Según la menor él siempre habló bajo y controlando su tono de voz, lo que sugiere que es un líder y que sabe controlar grupos de personas. En ese último punto también le ayudó la promesa de no asesinarlos, una mentira que sirvió para calmar un poco a las víctimas.

Al parecer se ensañó con una de las víctimas porque no quiso salir de su cuarto, mientras que con otra lo hizo por un trato erótico y un deseo de humillarla.

A todos los amarró con tiras de sábanas que improvisó en el lugar.

Según el reporte de la especialista él ubicó los cuerpos en la habitación del centro que es el aposento más privado de la casa y los acomodó entorno a las manecillas del reloj, lo cual sugiere que es una persona violenta.

Ríos Mairena, quien defiende su inocencia, está acusado por cinco homicidios y otro intento de homicidio así como otros delitos.