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"Fue muy terrible, muy feo, algo inexplicable. Yo pensé que moriría ahogada... pensé en que mejor morir pero que mi familia sí se salvara".

Estas fueron las primeras palabras de Karolina Morales Salazar, una de las costarricenses que sobrevivió al naufragio que ocurrió en el Caribe panameño el 31 de diciembre.

La Cancillería informó a este medio que los connacionales rescatados fueron 10, pero esta joven vecina de San Vito de Coto Brus asegura que el grupo estaba conformado por 15 costarricenses: 11 de su familia y cuatro más vecinos de Alajuela.

Los rescatados son Celia Yolanda Morales, Maricela Chinchilla, Sara Morales Chinchilla, César Mejía Segura, César Morales Chinchilla y Yorleny Salazar Prendas.

Los restantes miembros de la familia de Karolina que sobrevivieron son Karen Morales Salazar, Cesar Morales Quirós, Olmedo Morales Quirós y Verónica Morales Salazar.

Otros cuatro ticos, vecinos de Alajuela, sobrevivieron al naufragio de las embarcaciones Mi Lady 2 y Yenis en aguas de la provincia de Bocas del Toro. 

Ellos son Mario Rodríguez Aragón, Margot López Soto, Stephanie Rodríguez López y Esteban Rodríguez López.

A continuación usted leerá el testimonio íntegro de Karolina, quien nos atendió por teléfono minutos después de salir de una revisión en el centro médico de San Vito, luego de que ella sufriera algunos golpes en sus piernas.

En el primer momento cuando zarpamos de los cayos Zapatilla empezó a llover mucho y no se veía nada y los botes los empezó a jalar el viento. 

Las dos lanchas se quedaron sin gasolina y empezó lo peor....  Deambulamos como dos horas y no paraba de llover y la gente empezó a vomitar, tenía mareos. Todos andábamos chalecos pero nos sentíamos desprotegidos ante la furia de la naturaleza.

Empezamos a remar y las olas nos golpeaban una y otra vez; la primera embarcación volcó y la gente no se veía, pensamos lo per y en eso el capitán de nuestra embarcación entró en pánico y nos dijo: 'es hora de saltar', porque las olas nos estaban hundiendo el bote.

Por un momento pensé en que moriría ahogada, porque los cables del bote me empezaron a jalar debajo de la embarcación y peor porque yo no se nadar. Yo me desesperé, pensé lo peor... incluso quise morirme pero que mi familia lograra sobrevivir.

Yo grité que se salvaran, que me dejaran porque me empecé a hundir y a tragar mucha agua.

En eso el capitán me rescató y entre los que sabían nadar nos ayudaron a una señora y a mí, pero yo veía las caras de desesperación de mi familia y nuevamente pensé: 'para qué me salvan, que mejor se salven ellos'.

Pero entonces yo seguía a flote y nadando a como podía. Saqué fuerzas de donde no las tenía.

Nadamos como una hora. Mi hermana, yo y cinco personas llegamos a un arrecife y nos golpeamos por varias partes. Los demás llegaron a la playa.

Cuando logramos tocar tierra estábamos en otro sector y tuvimos que atravesar una montaña en la noche; no se veía nada y, bueno, por fin logramos salir a la playa pero no vimos a los demás. Empezamos a gritar.

Vimos que todos estaban en una cabaña abandonada; pensamos que es de unos indígenas que llegan allí una vez al mes a sembrar yuca. Ahí encontramos camisas, batas y un paño.

Mi papá tenía una herida grave en la cabeza (requirió seis puntadas). También encontramos una caja de fósforos, cocos. Comimos cocos el fin de año. Esa fue nuestra cena.



No dormimos nada. A las 6 a.m. vimos la primera avioneta y la segunda pasó a las 7 a.m. y en eso todos lloramos de alegría, nunca pensamos en que nos rescatarían tan pronto. Fue una alegría inmensa que no puedo describir.

"Cuando nos rescataron nos dieron agua, frutas. En el hospital de Bocas del Toro nos curaron y nos trataron muy bien. Ahora andaba en el hospital porque tuve fiebre en la madrugada, pero ya me vieron y dieron tratamiento"