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La respuesta puede ser simple: seis de cada diez costarricenses califican de mala o muy mala la gestión de la presidenta Laura Chinchilla, una cifra récord en nuestra historia típica.

Pero eso solo no explica por qué el país se halla sumido en el desencanto. En las elecciones pasadas, una encuesta de esta misma fecha revelaba que un 34% votaría por el candidato del Partido Liberación Nacional (PLN) y un tercio de los consultados no votaría por ningún candidato.

Hoy un 70% de los consultados no saben por quién van a votar, y el apoyo al partido mayoritario, Liberación Nacional, se ha recudido de un tercio a menos de una cuarta parte.

El PLN, que siempre ha tenido un 40% mínimo, hoy es el partido del 23% de los costarricenses, seguido últimamente por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) con 16%. Más abajo marchan los otros partidos.

Según una encuesta realizada por la empresa UNIMER para el periódico La Nación, un 30,4 % de los costarricenses ya tiene candidato y afirmaron que irían a votar. Un 17,4% dicen tener dudas acerca de que se acercarán a las urnas el próximo mes de febrero. Ellos suman un 47%, menos de la mitad de los costarricenses.

Desde los años sesentas, el abstencionismo en el país se situó entre un 18% y un 20%, es decir, uno de cada cinco electores. Fue en la segunda elección de Óscar Arias que éste subió hasta el tercio de los votantes.

Todo parece indicar que así se quedará también en esta oportunidad, en medio además, y eso sí parece nuevo, de una singular apatía.

Los observadores opinan que la situación política actual es hija de una percepción que tiene el ciudadano en el sentido de que hay una enorme corrupción y, segundo, de que hay una gran ineficiencia.

También de que la vida política, económica, tecnológica y cultural han cambiado, y el régimen político se quedó anclado en el pasado. Un sistema político creado por el bipartidismo, que ahora tiene que lidiar con al menos cinco partidos, muchos de los cuales perdieron o abandonaron los valores del pasado.

Además tenemos un electorado más crítico, que sabe más, que conocer más, que se entera por nuevas vías, y que se manifiesta y lucha.

En los últimas meses, la lucha popular se trajo abajo grandes acciones de los políticos, como fueron la concesión de la minera Las Crucitas, la destitución del magistrado Fernando Cruz, la concesión de la carretera a San Ramón y la construcción de una nueva refinería de petróleo.

Para muchos, estas son señales que está naciendo una nueva forma de hacer política y ella deja atrás a los políticos tradicionales.