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De un producto conocido, se puede también hacer una pequeña variación, y convertirlo en una idea novedosa.

Ejemplo de esto es Marianella Vargas, quien Hace ocho años, ya con tres hijos, el divorcio le robó la estabilidad.
Vargas siempre ha sido una mujer decidida, y buscando una opción para reconstruir su vida, y luchar por sus hijos, volvió su mirada al que hasta el momento era su hobbie: la cocina.

En ese momento en donde muchas personas caen, ella buscó la forma más bien de escalar, de forjarse sus propios sueños, ahora con sus hijos, aunque no puede negar que por momentos la cuesta se hacía más empinada.

La mujer se ilusionó mucho con su nuevo proyecto. Investigó y experimentó nuevas recetas, y poco a poco fue dándole forma a su
negocio, “Luigan Cake”… llamado así por el nombre de sus tres hijos.

Aunque el sabor de su repostería ya es un distintivo de su microempresa, tuvo una buena idea para brindar otro tipo de servicio.

Comenzó a probar recetas y procesos para que la repostería se vendiera congelada. Luego nada más se hornea fácilmente, y queda fresca.

Al principio tuvo temor de la respuesta de la gente, pero con mucho trabajo ha logrado innovar y darse a conocer.

Ella es de esas súper mamás que dividen su tiempo entre su negocio, y las responsabilidades del hogar, aunque a veces tenga que
acostarse tarde terminando un pedido.

Ese sueño de posicionar su producto, ofrecerlo en grandes supermercados le motiva.