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Los políticos reconocen que las redes sociales se han convertido en sus “verdugos”, en gran medida, debido a la posibilidad que ofrecen de tener en nuestras manos acceso al mundo entero en tiempo real, lo que me permitió un mayor acceso de información.

Así lo creen varios estudiantes universitarios, luego de un sondeo de Telenoticias.

¿Cree que las redes sociales han influido en cómo era la política antes y cómo es ahora? Una de las entrevistadas señaló que sí, “porque les mete más presión a los políticos”.

Otro de los jóvenes indicó que “los políticos también deben rendir cuenta ante la gente, que día a día pasa informándose en redes sociales”.

“Más que solo es buscar información, lo ideal es que la información se vea presentada, por ello creo que las redes tienen un gran impacto en la política”, dijo otro de los universitarios.

Aunque a criterio de expertos, esa información no significó profundidad.

Algunos líderes lograron profundidad en apenas 140 caracteres de un tuit. Uno de ellos el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

De los pocos o el único líder que tomó provecho, ganó votos. Detrás de él al menos 8 millones de personas. Su política no ocupó pega banderas, su política ocupó profesionales de la comunicación inmediata.

“Había gente, cerca de 8 millones de personas colaborando, muchos de ellos especializados en redes sociales”, agregó Carlos Paniagua, representante de Unimer.

Otros no han tenido el mismo éxito. ¿Se convirtieron las redes sociales en el verdugo de los políticos?

“Creo que es un gran daño el que le produjo a la función política, pero un gran bien para la humanidad. Los funcionarios públicos aquí y en cualquier parte del mundo son los empleados de los ciudadanos”, comentó el analista político Víctor Ramírez.

En Costa Rica, parece que sí.

“Ante la posibilidad de tener una interaccion directa, de miles de personas con su representante político, te obliga a estar más preparado, más informado y a ser mucho más transparante”, comentó el diputado José María Villalta.

“Se está como en una pecera, la gente está viendo todo lo que pasa, la gente informa de todas las cosas que ve de un político en general”, añadió Antonio Álvarez, jefe de campaña del liberacionista Johnny Araya.

Hagamos un repaso por algunas de las cuentas de Twitter y tratemos de medir el uso de las redes en virtud de los comentarios emitidos y los seguidores.

El liberacionista Johnny Araya tenía hasta el 10 de julio anterior 3.670 seguidores y 730 comentarios emitidos.

El candidato del frente amplio José María Villalta 263 tweets y 7051 seguidores.

Al representante del socialcristianismo, Rodolfo Hernández: 593 seguidores y 238 tweets

En el caso del Partido Acción Ciudadana: Juan Carlos Mendoza cuenta con 6.457 seguidores, Epsy Campbell: 4.395 y Luis Guillermo Solís 442.

Mientras que José Miguel Corrales del partido Patria Nueva apenas estrenó está red social el pasado 22 de enero, tiene 7 tweets y 32 seguidores.

La presidenta Laura Chinchilla, quien se enfrenta a una de las crisis de desconfianza más significativas de la historia, por coyuntura, también se tuvo que enfrentar a las redes sociales.

Ella se ha visto bombardeada por tuiteros, molestos por su gestión, ella por su parte emprendió demandas contra quienes -según ella- la difamaban, mientras que la mayoría de personas en redes sociales insisten en demandarle inmediatez y transparencia.

El ministro de Comunicación Carlos Roverssi, señaló que “la gente se libera y utiliza palabras horribles. Pero esto es parte de lo que hay que ir aprendiendo; de cada persona que escribe en redes sociales hay una experiencia, un mensaje. Es la nueva forma de entender el sentimiento popular que se genera ante ciertas cosas”.

La Sala Constitucional incluso condenó a la mandataria, por bloquear a un tuitero, al considerar que se violentó la libertada de expresión.

Las críticas ahora son más constantes, más directas. Sin embargo, el anonimato de la redes tiene pesos inimaginables.

En el mundo, otros presidentes viven angustias generadas por este ojo vigilante. El más reciente caso el de la presidenta de Brasil Dilma Rouseff, en donde incluso existió la intervención del servicio de inteligencia de esa nación, para filtrar el núcleo de los movimientos ciudadanos y evitar un mayor desplazamiento.