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André es un joven muy diferente al resto, incluso podría asegurar que es diferente a la gran mayoría de personas. Fue educado por madre para ser diferente.

Su diferencia es que tiene un amor por la vida, uno que inspira, que deja con la boca abierta.

Cuando André nació, su madre notó que tenía dificultades para moverse, y al poco tiempo le diagnosticaron una enfermedad degenerativa, una que le atrofiaría los músculos.

Fue aquí, donde Yanel, su mamá, tomó la mejor decisión de su vida y con ella le aseguró la felicidad a André.

Hicieron del positivismo su forma de vida. Paso a paso construyeron la felicidad, y la enfermedad quedó de lado, rezagada, incluso cuando esta mostraba su implacable paso en su organismo.

No cabe duda que Yanela, con esa fuerza interior difícil de explicar, sembró en André una semilla de vida, capaz de defenderse de cualquier plaga.

La más complicada probablemente fue cuando a los 7 años de edad, sus órganos internos se deterioraron y los doctores le dieron un año de vida.