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Los sedimentos que arrastra el Río Frío a Caño Negro por la intervención humana, lo han hecho menos cristalino, pero no le han robado esa coloración negra característica, ni su riqueza natural.

Basta con navegar unos metros, para comenzar a disfrutar de su fauna: aves, cocodrilos, monos y otras especies.

Los sentidos se alimentan, con el sonido del agua y las aves, la brisa, el verdor.

Pero para alimentar el cuerpo, también le hacen una paradita en el rancho Santiago.

En medio de Caño Negro, le hacen un buen desayuno típico, y de una vez puede adquirir alguna artesanía que hace doña Marjourie.

Luego continúa el recorrido, ya no encima del agua, ahora es por debajo de la tierra.

Se dice que la realidad siempre supera la ficción. En este caso es la naturaleza la que supera la imaginación.

Al adentrarnos en las cavernas de Venado, por momentos se pierde la noción de la realidad, uno se deja atrapar por esa magia natural de la oscuridad.

El agua, abundante dentro de las cavernas en esta época del año, aumenta la belleza escénica y esa sensación de aventura.

Hay varias rutas a tomar dependiendo de su estado físico y su espíritu aventurero.

Pero cualquiera que usted elija, le va a dejar con la boca abierta… con escenarios y formaciones naturales que parecieran esculpidas por las manos algún artista.

El recorrido dura entre una y dos horas. Se sale mojado, estilando adrenalina, y maravillado con el entorno.

Una muestra más que hasta debajo de la tierra, a Costa Rica vale la pena conocerla.