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La palabra "diésel" viene del nombre del alemán Rudolf Diesel, que a finales del siglo XIX creó el motor de combustibles. Pero el diésel de aquella época no lo obtenía del petróleo, sino del aceite de maní.

Dicho en otras palabras, los biocombustibles son tan viejos como los motores, pero desgraciadamente lo que hemos hecho por ellos ha sido muy poco.

En Costa Rica, una pequeña fábrica nació como una empresa familiar. La idea de su dueño era conseguir un combustible más barato para su flotilla de autobuses.

En el pequeño local del alto de Ochomogo comenzó a procesar pequeñas cantidades de aceite de cocina ya utilizado, recogido de algunos restaurantes, y produciendo con ellos combustible diésel.

Hoy es una empresa de gran calibre, que procesa toda clase de aceites vegetales, incluida margarina vencida o de desecho.

Lo que iría a los ríos creando más contaminación se convierte en un sustituto formidable del petróleo.

También podría beneficiar a la industria autobusera, que emplea el biodiesel combinado con el combustible que le compra a RECOPE. Pero muchos opinan precisamente lo contrario.

El país cuenta de 51.000 kilómetros cuadrados. La mitad de ellos están compuestos de bosques.

De los 25.000 restantes, 15.000 ya están ocupados, en vivienda, comercio, puertos, carreteras y en agricultura.

Quedan entonces unos 10.000 kilómetros cuadrados, por lo menos la mitad de ellos utilizables en vegetales productores de aceite. Eso implicaría duplicar el área cultivada en el país.

La introducción de biocombustibles puede cambiar la faz de nuestra agricultura, creando una verdadera industria del biocombustible. Miles y miles de puestos de trabajo pueden crearse en todo el país en cultivos muy diversos, muchos de ellos en estudio por parte de las universidades.

El tempate o jatrofa es uno de ellos, una planta tropical cuyas semillas son ricas en grasas. Lo mismo ocurre con la higuerilla, muy conocida en nuestros antiguos cafetales, y de posibilidades muy prometedoras.

Otra es la moringa oleífera, originarias de la india, llamada “El árbol de la vida”, pues sus hojas tienen una alta concentración de proteína apta para el consumo animal y vegetal y sus semillas ofrecen una base única para los aceites y, por tanto, para los biocombustibles. Su madera se utiliza como combustible para las calderas.

Además de producir biodiesel, estas son plantas, y en algunos casos árboles, es decir, fijan carbono. Doble ganancia.

Pero el biodiesel como otras fuentes de energía están en el olvido, su producción es tan pequeña que no puede ser recogida en las estadísticas.