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Sor María Romero llegó a los altares el 14 de abril del 2002.

Fue gracias al milagro concedido a una familia costarricense, que la monja de origen nicaragüense se ubica a un paso de la santidad.

En el vientre de su madre, a María Solís se le diagnosticó un problema intratable.

De manera sorprendente e inexplicable, al nacer, la niña no tenía problema alguno.

Para sus padres la explicación era sencilla.

Aquel fue el milagro que convertiría en beata a Romero en una ceremonia celebrada en el Vaticano hace 11 años.

El proceso de verificación de aquel milagro para beatificar a Sor María Romero tardó 8 años.