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Durante tres generaciones, un establecimiento del Mercado Central brindó al público un servicio casi único: el de tostado y molino de café puro, que los conocedores buscaban como alternativa al café de marca, generalmente de calidades inferiores.

Hace apenas una década, decidieron empezar a ofrecer al público un producto de exportación: café de Costa Rica, pero el destinado a los mercados internacionales. Sus propietarios diversificaron la cantidad de tipos ofrecidos y luego se decidieron a crear una cafetería.

Así nació El Tostador, este negocio situado en plena Avenida Central, justo al frente del mercado, donde usted pasa a tomarse su café, pero obtiene a cambio mucho más que una buena taza.

Hoy este establecimiento cuenta con dos espacios, una cafetería con bocadillos y un restaurante, llamado Papeto's. En pocos días estará en funcionamiento una escuela de barismo, es decir, un centro para la formación de conocedores y preparadores de café. Parte de ellos serán los mismos empleados de la empresa, que no deja de crecer.

Durante más de un siglo el país exportó lo mejor de su producción cafetalera, y que le dio renombre internacional. Como contrapartida, quedaba para el consumo interno lo peor de la cosecha, llamada despectivamente “tercerilla”.

Ahora esta tradición está cambiando, especialmente de mano de los beneficiadores independientes, que son ya el primer sector productor y benefactor.

Hoy gran parte de nuestro café se exporta con la marca de origen y con el sello de café de calidad, a precio, por supuesto, mucho más alto que el normal. Y también el consumo interno está experimentando un cambio.

Beso Espresso está situado en el centro comercial Tempo, en Escazú, y su interés es ofrecer un producto de calidad a un público exigente. Su propietario es un pequeño productor de occidente, pero aquí el cliente puede obtener café de diversos tipos, con el molido preferido o simplemente en grano para que el comprador lo muela en casa.

¿Y a qué precio? Servido en taza, son los precios de cualquier lado. En grano, puede comprarse a ₡7.000 el kilo, menos que el precio del supermercado.

Auxiliadora Bonilla proviene de una de esas empresas. Durante muchas generaciones su familia cultivó el café en San Marcos y León Cortés y hoy lo industrializa y lo comercializa con su propia marca: Café Don Mayo.

Hoy ella y su marido, Jorge Morera, tienen su propia cafetería en Río Segundo de Alajuela, donde se ofrece café de primera, pero también parte de nuestra historia y nuestra cultura.

Auxiliadora es experta en el arte de preparar el café, llamado barismo, y hace unos días muchos la pudieron ver participando en el campeonato nacional de este año, donde obtuvo el primer lugar.

El Instituto Nacional del Café (ICAFÉ) realiza a menudo cursos de barismo, una forma de preparar a los profesionales en el arte del buen café.

Así que, cuando quiera salir a divertirse o cuando tenga una cita de cualquier tipo, piense en un buen café. Los lugares ya los tiene a la orden.