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Si en algo coincidían los vecinos de Matapalo, los familiares de las víctimas y hasta las autoridades del PANI es que el estadounidense Dirk Beauchamp era un buen padre de familia.

El estadounidense conoció a Jéssica Durán en un bar capitalino y se la llevó hasta Santa Cruz, donde compró un lote y construyó una casa. Ambos tuvieron cuatro hijos.

Según los vecinos, quien cuidada a los menores era Dirk, mientras Jéssica  gastaba la plata en licor. De hecho, en los inicios de la relación, Dirk no tenía problemas de dinero, pero con el tiempo, la mujer se encargó de quitárselo. El abuso patrimonial es una de las características de la violencia doméstica.

Tiempo atrás, el  PANI fue alertado de que existía riesgo para los menores porque la mamá los había abandonado. Cuando visitaron la casa encontraron que el padre cuidaba de los niños y la mujer estaba en la cárcel por una pensión relacionada con otros hijos que tuvo de una relación anterior.

La misma familia de la mujer reconocía que ella maltrataba a los menores y a su compañero, mientras que, por el contrario,  él era un padre amoroso y  con frecuencia se le veía  jugar en la plaza con sus hijos o acompañándolos a clases de música.

Jéssica conoció a un amante: Adrián Salmerón. Ella quedó embarazada de este.   Dirk aceptó que Jéssica y Adrián se quedaran en su propiedad.

Lo hizo, según recuerdan los vecinos, por  amor a sus hijos y para que estos tuvieran a su madre cerca. Según la familia de la mujer, Dirk era amenazado, golpeado y denigrado por la pareja.  El soportar agresión por temor a ser alejado o alejada de los hijos es un comportamiento esperable en un ciclo de violencia doméstica.

En noviembre pasado se recibió otra denuncia por supuesto maltrato infantil de parte de la Jéssica, pero, cuando el PANI volvió, el mismo estadounidense negó los hechos. La negación por parte de la víctima ante terceros también es algo común en el ciclo de violencia doméstica.

Al final, Adrián Salmerón  mató a casi toda la familia, y  las dos niñas que sobrevivieron están hoy en el hospital pero quedaran marcadas para siempre. Adrián fue el asesino, pero Jéssica ya había llevado la semilla de la agresión doméstica a su casa desde hace mucho. La sembró y la abonó, Adrián lo que hizo fue cosecharla.

Muchas veces he sentido que cuando uno señala que hay hombres víctimas de agresión doméstica algunos reaccionan con enojo e  interpretan que con esa afirmación se está intentando minimizar la agresión contra las mujeres. Tal cosa es un razonamiento equivocado. Es cierto, en la mayoría de los casos son ellas quienes sufren, pero no se puede tapar el sol con un dedo: Estoy seguro que en Costa Rica hay muchos Dirk.

Reitero: Decir que los hombres también son víctimas no significa que uno menosprecie el ataque contra las mujeres. La agresión es agresión. La víctima es víctima, no importa el género ni los estereotipos.