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La celebración de la Copa América, en junio próximo y con la participación de Costa Rica es el primer gran desafío para las Américas tras el escándalo de corrupción en el fútbol mundial que descabezó a las dos confederaciones del continente, la Concacaf y la Conmebol.

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Para la dirigencia de la región, se trata de intentar dar vuelta la página al tremendo golpe que supuso la megacausa judicial que se tramita desde mayo de 2015 en los juzgados federales de Nueva York por corrupción y sobornos en la FIFA y las organizaciones continentales.

Parte de la denuncia que afecta a 39 personas, la mayoría altos cargos del fútbol de la región, abarcó la venta de derechos de marketing y televisación de este certamen.

Varios de ellos fueron extraditados desde Suiza y cumplen actualmente arresto domiciliario en el área de Nueva York y uno, el costarricense Eduardo Li, continúa detenido en la cárcel metropolitana de Brooklyn a la espera de que su pedido de fianza sea aceptado por el juez.

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Por ello, entre las luces y el glamour del Hammerstein Ballroom, en Nueva York, se paseó para muchos el fantasma de las dos redadas del FBI en mayo y diciembre pasados en Zúrich que cambiaron a la organización del fútbol mundial.