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A las 6:38 a. m. del martes se abrieron las puertas de la escuela San Martín, ubicada en las montañas de Heredia, entre Birrí y Sacramento. A pesar de que suena que este centro educativo está perdido en medio de la nada, esto es incorrecto, ya que el centro de Heredia queda a menos de 20 minutos de distancia. Lo que hace especial a esta escuela unidocente es Gabriela Matamoros.

La educadora funge como la encargada de educar a los niños –desde primero y hasta sexto grado–, además es directora y una madre postiza para los niños que reciben clases allí.

Ella junto a su equipo recibieron en este inicio de curso lectivo a 16 menores. Cuatro de preescolar y el resto escolares.

El Ministerio de Educación Pública anunció que este 2016 se destinará 2.3 mil millones de colones, un 7.86% de PIB, en educación y el modelo multigrado bajo el que funciona la escuela San Martín, forma parte del esfuerzo que se da en los 1.304 centros unidocentes.

Matamoros, bajo esta modalidad, cuenta con Adriana Serrano –preescolar–, Alina Ulloa –Inglés–, Helberth Mora –Música–, Adrián Rodríguez –Educación Física– y Karla Lizano –encargada del comedor–, para completar su grupo de colaboradores.

Ellos este lunes festejaron el inicio de las clases y vivieron en carne propia la felicidad de los estudiantes, tanto los que asisten a las aulas por primera vez, como los que regresan a ver a sus compañeros.

Matamoros fue clara al explicar que el trabajo es muchas veces agotador, pero hay momentos clave cada año que la hacen disfrutar su experiencia.

Niños que descubren de su mano el placer de leer, niños que se gradúan y siguen su camino en las aulas, en algunos casos hasta a la universidad.

Desde hace 13 años la directora ha encabezado un esfuerzo que no siempre ha sido acompañado por los padres y las autoridades gubernamentales.

Contó cómo hay papás que dudan de la calidad de la educación, reclamó que el MEP prometió la segunda parte de las obras en la escuela y recordó aquellos niños que no volvieron a su clase.

Esta mañana el MEP anunciaba 951.227 estudiantes inscritos, pero en la escuela San Martín, los profesores ya cuentan las bajas y se preguntan sobre el paradero de algunos alumnos.

Esta mañana Irene Barrantes llegó de primera a la escuela, su hijo de cuatro años, Travis Kreis, lleno de sonrisas y nervios por la ilusión del primer día de clases esperaba en medio del viento y la fría llovizna. Ambos tenían al frente un edificio que es escuela, pero que Matamoros y el resto de los trabajadores, convierten día a día en un hogar de enseñanza.