Última Hora

Hoy quiero dedicarle unas líneas a un tema tan trillado y hasta banalizado en novelas, literatura y películas, pero siempre actual y nunca desmeritado -no para mí- como el amor.

No hablo solo del amor de pareja, del amor hacia la madre o el padre o del filial (a los hermanos de sangre y a los amigos). A ver, no es que no sea importante o valioso: lo es y mucho. Es más... lo aplaudo de pie y me mueve el piso. ¡Soy un cursi empedernido a mis casi 42 años!

Pero quiero referirme al amor por la vida, a esas maravillosa oportunidad que tenemos todos los días de abrir los ojos, respirar, comer, caminar, oler, ver, tocar, trabajar, reir, llorar, correr, bailar, dormir, leer, viajar y cafetear (por aquello soy un cafetero de primera), entre muchas otras.

Se los dice alguien que después de un accidente severo, hace cinco años, ve la vida con otros ojos, con otro corazón. 

Si no ha pasado por una experiencia de vida de alto calibre no espere a que le pase. Nada más ame vivir, ame ser mejor persona, ame sentirse bendecido por la gente que tiene a su alrededor, ame susperarse y lograr metas, que enriquezcan sus neuronas y su corazón.

Por eso este 14 de febrero no solo celebre ese amor que le genera cosquillas y que lo hace ver arcoiris, pero que también sabe sobreponerse a la adversidad con tolerancia, respeto y voluntad. Celebre la vida, con sus altos y bajos, con sus risas y lágrimas.

Si usted es de los que cree en el amor no lo deje marchitarse. Como si fuera una planta abónela, dele agua y deje que la luz natural nutra sus tallos y ramas.

No le preste oídos a quienes no creen en el amor y simplemente van por la vida como el Ecoloco, aquel villano de la recordada serie Odisea Burbujas y cuyo fin en la vida era contaminar el planeta. No deje que nadie le contamine este sentimiento tan poderoso, noble, arrebatador y refrescante como el amor.