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    ¿Pura Vida?

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    mar.

    22

    Los vientos de cola cesaron

    Ciertamente las mejores condiciones internacionales para el país, en los últimos semestres, se van disipando.

    Lo que se pierde: Bajos precios de bienes tan importantes como los hidrocarburos, entre otros comodities, bajas y estables tasas de interés internacionales, oferta de financiamiento y disponibilidad de organismos internacionales, expectativas de crecimiento de los países cercanos y lejanos, inversiones y calificaciones estables y favorables para la atracción de inversiones, tipo de cambio casi fijo y precios internos estables, entre otras muchas condiciones.

    También en los años anteriores se forjaron algunas expectativas nacionales que prometían el impulso de agendas políticas para desentrabar asuntos de importancia como el fiscal que han ido muy lentamente para decirlo con mucha suavidad.

    Ya avanzado el 2016, las noticias de deterioro de estas condiciones comenzaron a acumularse.Comento cinco.

    La primera fue la disipación de la baja en los precios internacionales y un cambio en la tendencia de los precios del petróleo, la siguió el anuncio de los organismos internacionales que no continuarían su política de financiamiento (se esperaba 1.000 millones de dólares para el 2016) del país pues no encontraban avances en la solución del déficit fiscal, la tercera es la baja en la calificación del riesgo país por parte de una agencia adicional de calificación.

    La cuarta son las noticias que van concretando las posiciones y acciones del gobierno de Trump en materia de deportaciones y e incentivos para el traslado de  empleos en nuestros países hacia los Estados Unidos. La quinta es el anuncio de la Fed (como el banco central de Estados Unidos) de un nuevo incremento a la tasa de interés de referencia.

    Sobre la calificación del riesgo del país empeoró con la baja de la calificación del riesgo por parte de una segunda agencia y además apuntar que la próxima calificación tiende a empeorar. Hace pocas semanas una tercera calificadora nos mantiene en un nivel de calificación semejante al que nos dieron las otras dos calificadoras. 

    Esto tiene particular interés porque la calificación de riesgo de un país es una señal muy clara de peligro a los inversores que tiene comprar títulos costarricenses. Bajar la nota señala un deterioro de la valoración sobre la capacidad futura de enfrentar el pago de la deuda por parte de Costa Rica.

    Estas calificaciones no solo forman parte de decisiones de personas. Una calificadora es una agencia especializada en emitir recomendaciones a los inversores e influir en los mercados.

    Se puede comparar con las cartas de recomendación: en el mundo financiero se han creado agencias especializadas en emitir estas recomendaciones y gozan de una importante credibilidad. Las agencias se esfuerzan en hacer buenos pronósticos y prevenir a los inversores para que no se embarquen. Su negocio depende de sus oportunas y buenas recomendaciones.

    El efecto de una baja calificación en el riesgo país, o de una expectativa de baja de la  calificación, es presionar los rendimientos que los inversores van a exigir para comprar los títulos nacionales.

    Esto es, las condiciones financieras empeoran para el país, lo que se suma al incremento de las tasas internacionales. Habrá mayores costos para servir o pagar la deuda. Por cierto, que el pago de la deuda pública es el principal rubro actual del presupuesto nacional. Entonces, estamos en presencia de un disparador del gasto público.

    El título de un texto sobre nuestra región recién publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo resume este deterioro de las condiciones de una manera precisa: Cuando los vientos a favor se agotan (se consigue en internet). Esto antes de la toma de posesión y estreno de Trump, lo que nos da un entorno turbulento y con mayores riesgos como los mencionados en anteriores columnas.  

    Tendríamos que estar preparándonos para un tiempo sin viento de cola, en el que además se anuncia tormentas, corrientes fuertes y turbulentas.

    Ojalá nuestro sistema político recupere su disposición a adaptar  y su capacidad de maniobra.

     

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