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    nov.

    05

    República 3.0

    Mi querido padre, desde que yo era un chiquillo de pantalones azules y cortos, me contaba cuentos sobre la revolución del cuarenta y ocho, adoraba a don Pepe, admiraba a don Otilio, me enseñó la palabra “ahítos” que él aprendió de un discurso del candidato Ulate y me repitió muchas veces, que cuando yo era un recién nacido, los somocistas y los mariachis nos habían invadido. Papá fue un patriota enamorado de la historia y de la agricultura.  Le encantaba escuchar mientras manejaba su jeep,  las sesiones legislativas y estaba muy pendiente de los acaecimientos políticos y siempre fue muy crítico. Su veneración por las grandes reformas de la segunda república, por don Alberto Martén y el diez por ciento al capital, su cariño por el héroe Carlos Luis Valverde Vega, su respeto por la honradez de don Chico Orlich y por la sabiduría de don Daniel Oduber. Papá fue un liberacionista de los de antes, de los que todavía quedan algunos.

    Fue con mi padre que en empecé a beber en la fuente del amor a Costa Rica, al trabajo y al honor.  Partió hace casi diez años, muy preocupado, por que no veía en su partido, ningún líder capaz de emular al caudillo. En nuestras últimas conversaciones me dijo, que sería necesaria otra revolución, que por menos se encendió la mecha en el cuarenta y ocho, que había que enfrentar la corrupción y la politiquería, que ya era hora de la tercera república. 

    En estas tardes inundadas de frustración social, al ver las alcantarillas de la honestidad obstruidas por toneladas de corrupción, al soportar las presas viales que impiden el paso de los vehículos de la justicia y el progreso, al observar las componendas politiqueras y el rumbo incierto de la patria en la fiesta de las minorías poderosas en las cúpulas de la corrupción empresarial y burocrática, no veo otro camino que el de la reconstrucción nacional.

    Los ochenta y seis partidos políticos, desde los tres más poderosos hasta los distritales, no tienen la menor idea de los cambios que reclama nuestra Patria. Ni les importa. Simplemente siguen el mismo razonamiento de hace más de medio siglo, las mismas creencias, idénticas mañas y los añejos compromisos con los grupúsculos que ejercen el poder real.

    La solución es una y muy simple: ¡Cambio de paradigma nacional!

    Una Patria reconstruida sobre columnas republicanas, de justicia efectiva, igualdad y progreso, donde las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos permitirán rediseñar nuestra democracia, reorganizar el Estado, sentar las reglas para que aumentemos la producción y la distribución de la riqueza, para que  todas nuestras niñas y todos nuestros niños reciban la mejor educación, que les convierta en empresarios libres, sanos y felices, sin distingos de pedigrí o de militancia.

    Debemos dar el salto histórico, ya no hay marcha atrás. Volver a las fórmulas anticuadas e inservibles y a los dirigentes que solo han sabido gobernar por sus grupillos, producirá el mismo efecto de las últimas cinco elecciones, más de lo mismo, retraso y miseria y más riqueza para muy pocos.

    Sólo hay un sendero, el sendero de la honestidad y el trabajo serio… mi Costa Rica 3.0.

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    @riete con Juan Diego Castro

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