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    Inversión de 81 mil dólares en impresoras de sellos migratorios funcionó solo tres meses

    En el año 2006 migración comenzó con la implementación del Sistema de Movimiento Migratorio Electrónico (SIMMEL) que pretende dar más seguridad en las zonas fronterizas.

    Como parte del SIMMEL, en el 2009, el aquel entonces director Mario Zamora anunció un granlogro, un sello electrónico con la capacidad de registrar mejor los movimientos de las personas, incluso, la posibilidad de identificar quién selló el pasaporte; sustituyendo la poca capacidad de los sellos de hule.

    Para ello, se invirtieron un total de $81 mil. Las 74 máquinas especiales entraron a funcionar el 13 de octubre del 2009, tres meses después las primeras 18 impresoras salieron de funcionamiento. La misma suerte fueron corriendo cada una del resto, actualmente según las autoridades, sólo una se encuentra en funcionamiento.

    Las compras se hicieron en dos partes, una en el 2008 y otra en el 2009, ambas por el mismo procedimiento de licitación abreviada, a la Empresa Epson Costa Rica. Sin embargo, todas empezaron a funcionar el 13 octubre del 2009.

    La primera compra de 42 impresoras costó $44 mil y la segunda de 32 un total de $37 mil.

    La empresa ofrecía un garantía de 36 meses de las impresoras, afirmando que estas estaban capacitadas para imprimir 400 millones de impulsos.

    Cada sello en promedio necesitaba entre 2500 y 3000 impulsos, en una simple división con esto se lograban imprimir cerca de 160 000 movimientos migratorios. Costa Rica registra sólo en el Aeropuerto Juan Santamaría un total de 2 millones de movimientos migratorios, al año.

    Para las autoridades la inversión no fue un desperdicio, sino que las impresoras comenzaron a “gastarse”. La capacidad de 400 millones de impulsos se enfrentó a la realidad.

    La compra que se realizó por una licitación abreviada, contó con una impresora de prueba y su utilización fue todo un éxito, según dicen los encargados, en la práctica el resultado sin duda fue otro.

    Según las autoridades la responsabilidad de la compra, y el tiempo que duraron las impresoras es de la Unidad Técnica de Información. Lo que sí garantizan es que el fin de mayor seguridad que ofrecían los sellos electrónicos, siguen aún funcionado aunque se apliquen los sellos de hule.

    Las máquinas en las que se invirtieron los 81 mil dólares se usaron tres meses, algunas un poco más, pero según los encargados, podrían reutilizarse para imprimir papel. 

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